Ever since I was a kid growing up in Ogden Utah back in the early 80's, I've been fascinated by the Spanish bullfight. I even searched out books on bullfighting at the Weber County library, where I found and read "Death in the Afternoon" by Ernest Hemingway. I'm probably the only kid in Utah to have ever read that book. Now here we are 40 years later and I still enjoy learning about and keeping up with the bullfights.

April 9, 2021

La historia de las rayas en el ruedo


Muchas veces nos hemos preguntado cuál es la finalidad de las conocidas “rayas de picar”, para qué están, por qué no nos las encontramos en una novillada sin picadores o en un corrida de rejones, etc.

Antiguamente, cuando los caballos de picar no iban provistos de peto, los picadores eran auténticos toreros a caballo, de hecho era tal su valentía que además del matador, eran los únicos que se les permitía vestir de oro, algo que perdura con el paso del tiempo hasta los días actuales. Hasta su nacimiento era habitual que si el toro no llegaba a la jurisdicción del picador, este saliera con su montura en busca del burel.
La primera vez que se pintó una raya de picar fue el 16 de octubre de 1908, en la Feria del Pilar de Zaragoza, en la cual Ricardo Torres «BOMBITA» y Rafael González «MACHAQUITO» lidiaron una corrida de Pablo Romero. Esta primera raya de picar pasaría a hacerse obligatoria a partir del año 1917.
La segunda, nace a iniciativa del matador de toros y ganadero Domingo Ortega quien, según él mismo contaba, se le ocurrió utilizarla en los tentaderos cuando vio que la mayoría de los toreros no sabían dejar la vaca a la distancia adecuada que permitiera apreciar su bravura al arrancarse al caballo.
Tras el exitoso debut de las rayas de picar en Zaragoza, los profesionales taurinos se dieron cuenta de que hacía falta delimitar la colocación de los picadores en la suerte de varas. Así fue como el 15 de abril de 1959, mediante la promulgación de una ley por parte del Gobierno, dichas rayas se convirtieron en obligatorias en todos los cosos.
La distancia de dos metros entre los dos círculos también fue recomendada por Domingo Ortega y quedó establecida en el reglamento de 1961. El primero ubicado a 7 metros de la barrera y el segundo a 9 metros de ella […]. En el reglamento de 1992 se aumentó dicha distancia de dos a tres metros y el segundo círculo quedó ubicado a 10 metros de la barrera.
La circunferencia de afuera es una raya que defiende el derecho del ganadero, a lucir su trabajo, y el del público a presenciar la embestida del toro. Como espectadores hemos de exigir que, en el cite, se mantenga una cierta separación mínima entre toro y caballo, la reglamentación actual la fija en tres metros, y no que el picador se mantenga próximo a las tablas.
Por Lu Llanos

¿QUÉ ES UNA TIENTA?


 Existe un factor psicológico que misteriosamente tiene el toro de lidia, que es la bravura, por lo cual es posible la existencia del toreo. La selección de este factor, es la tarea que se desarrolla a través de la llamada “Tienta”. El toro de hoy en día es el resultado de un trabajo genético, que gracias a estos tentaderos, no solo se ha conservado la bravura, sino se ha mejorado.

Se dice fue en el siglo XVIII cuando se realizaron las primeras pruebas de bravura, con el fin de seleccionar a los mejores animales para su reproducción. Los primeros tentaderos consistían, en que los ganaderos solo observaban la manera de embestir de los becerros, recién herrados, hacía un bulto que estaba colocado en el centro de un redondel. Como en el resto del toreo, los procedimientos se han perfeccionado.
La tienta suele realizarse en el llamado tentadero, que no es más que un ruedo localizado en la misma ganadería. Existen las tientas de becerras y de becerros. La diferencia es que las hembras se torean y los machos no, pues estos serán toreados más adelante en una plaza de toros. Como sabemos, el ganado bravo solo se puede torear una vez, pues durante la lidia, aprende lo que es el engaño y por lo tanto se vuelve imposible de torear.
Según sea tienta de machos o de hembras, tienen unas determinadas características:
Tienta de Hembras: Se suelta la vaca en una plaza de reducidas dimensiones llamada tentadero. A continuación se ejecuta el tercio de varas y se observa cómo reacciona el animal ante el picador. Finalmente se le hace al animal una faena de muleta antes de devolverla a los corrales.
La selección que se ha llevado durante más de dos siglos en los tentaderos, ha hecho del toro de lidia un animal con un alto coeficiente de nobleza, pero suficiente para conservar su bravura, y la sensación de peligro que es básica en el toreo.
Una vez terminado el proceso se le da una nota a cada animal según su resistencia y bravura a lo largo del proceso, y los ejemplares que hayan conseguido mayor nota, y además cumplan las premisas de tener buen origen familiar y buen tipo zootécnico (buena morfología), serán los elegidos para ser las futuras madres de la ganadería, el resto se desecharán.
Tienta de Macho: La tienta de machos tiene como objetivo seleccionar los futuros sementales de la ganadería y consta de dos fases diferentes, por un lado la tienta en campo (acoso y derribo), y por otro lado la retienta o tienta en plaza.
Tienta en campo abierto. Se lleva a cabo en una parcela llana y abierta denominada corredero, que tiene unas medidas aproximadas de unos 1.000 metros de largo por 300 de ancho. En primer lugar, r se lleva a cabo el acoso y derribo que consiste en soltar al animal en un extremo del corredero y sale galopando hacia el otro extremo mientras lo persiguen dos jinetes a caballo.
Aproximadamente a mitad del recorrido se derriba el animal con un palo largo denominado garrocha y a continuación se le somete a la suerte de varas. Los aspectos a observar en el comportamiento del novillo son la forma en que arranca y galopa hacia el picador (tentador) y el comportamiento al ser picado. A cada animal se le asigna una puntuación.
Retienta de machos o tienta en plaza: Solamente los animales que han obtenido la mayor nota en la tienta de campo, pasan a ser sometidos a la retienta de machos o tienta en plaza. Consiste en soltar al novillo en la plaza o tentadero, a continuación se le somete a la suerte de varas y se observa su comportamiento ante el picador.
Si su comportamiento ante el caballo ha sido adecuado, se procederá a realizarle una faena de muleta para poder valorar completamente sus aptitudes y cualidades. Si el comportamiento con el picador no ha sido el adecuado, el animal no es toreado y se desechará como semental, destinándolo a la lidia en plaza. Los animales que han sido toreados obtendrán una determinada puntuación.
De entre ellos, los que hayan obtenido mayor puntuación, y también cumplan las condiciones de tener excelente origen genético y buen tipo morfológico, se convertirán en futuros sementales de la ganadería.
Por Lu Llanos

La importancia de Cuba en la tauromaquia


Las corridas de toros se produjeron por más de cuatro siglos practicándose en las principales ciudades de Cuba, hasta que el jefe de las fuerzas de ocupación norteamericana en la Isla a fines del siglo XIX, las suprimió.
La confluencia en La Habana de barcos con destino a América motivó que esta ciudad se convirtiera en plaza y mercado de manufacturas y espectáculos de diversa índole. Entre estos últimos se cuenta la tradición taurina desarrollada con amplitud durante el siglo XIX pues la prosperidad y contacto con otras culturas le otorgó a la ciudad tanto perfiles de modernidad como posibilidades de imitar prácticas festivas que resultaban atractivas.
Los estudios realizados muestran que ya en el año 1538 hubo una corrida en Santiago de Cuba para celebrar la llegada de Hernando de Soto y que en 1569 se efectuó la primera de su tipo en La Habana en honor a San Cristóbal, patrón de la ciudad.
Dos fechas se añaden a las anteriores pues en 1747 y 1759 se celebraron corridas en Matanzas y La Habana respectivamente.
En la capital hubo varias plazas de toros entre las que se cuentan la del Campo de Marte, la de la Plaza Mayor del ultramarino pueblo de Regla, la que radicó junto a la casa de Beneficencia en la calle Belascoaín y una que se construyó en 1885 ubicada en la calle Monte cerca de Carlos III, que sobresalió por su capacidad ya que disponía de diez mil asientos.
En cuanto a los toreros se describe que varios de ellos debutaron aquí y algunos conservaron el sobrenombre de El Habanero por haberse iniciado en dicha ciudad. La tradición taurina recoge los nombres de Manuel Hermosilla y Luis Mazzantini, este último considerado como un importante acontecimiento dada la fama que le precedía. A estos nombres se añaden los de Ponce, El Marinero, El Platero, Paramio y en 1887 la destacada figura de Guerrita que toreó por única vez en América y según consta en las reseñas, fue alcanzado por el toro.
Siendo colonia española y la alta sociedad de esos años al estar compuesta por españoles, era casi imposible no pensar que esos emigrados no quisieran traer sus tradiciones y costumbres para «matar el gorrión» de la añoranza. Las corridas habaneras se remontan según datos existentes a más de 5 siglos y la primera plaza de toros fue construida en 1796 en la intersección donde hoy se encuentran las calles Monte y Egido. En el año 1818 se abrió una en la calle Águila y desde 1825 hasta 1836 se realizaron corridas en la Plaza de toros del Campo de Marte, donde se hoy se sitúa el Parque de la Fraternidad.
Había dos plazas de toros en la segunda mitad del siglo XIX que eran las preferidas por los amantes del ruedo. La primera era la Plaza de Toros de Belascoáin, se encontraba en la calle Belascoáin y bastante cerca del mar. Se creó en 1853 y estuvo en funcionamiento hasta 1897 cuando fue destruida por un incendio. En ella se realizaron numerosas corridas a beneficio de sociedades y gremios españoles. La otra era fue la Segunda Plaza de Toros de Regla, llamada así porque ya anteriormente en 1842 había existido una que tenía capacidad para seis mil espectadores y cerró sus puertas en 1855.
Esta segunda plaza estableció desde sus inicios una competencia fuerte con la de Belascoáin y funcionó hasta 1899. Era muy muy popular entre los españoles porque en ella se realizaron funciones durante la guerra de independencia cubana de 1895, en las cuales participaron mujeres. En esta ofreció muestras de su arte al público, en enero de 1898, el famoso Mazzantini el torero. Sin embargo la de Belascoáin, también llamada Plaza de Toros de La Habana, era la que atraía mayor público los domingos, que era el día que funcionaban todas, al ser la única que en ese momento se encontraba dentro de los limites urbanos de la capital de la colonia. Al contrario de las vallas de gallos, en las plazas de toros se dejaba entrar mujeres y niños y las apuestas no estaban permitidas.
El horario más habitual de las corridas era la tarde en un horario intermedio entre la pelea de gallos (mañana: afluencia de todo tipo de público masculino) y la ópera (noche: actividad reservada a las élites). En las mañanas muchas veces se abrían las puertas de ruedo para realizar una corrida llamada Toro del Aguardiente, en ella se permitía que todo el que quisiera ppdía entrar a la arena a torear con novillos.
Curiosamente se le llamaba así porque la gran mayoría de los que entraban venían algo pasados de tragos. Ya a finales del siglo XIX la plaza de toros comenzó a perder popularidad por la aparición y rápido desarrollo de otro entretenimiento: El Béisbol.
La última vez que se tienen noticias de una corrida de toros en Cuba ocurrió el domingo 31 de agosto de 1947. El lugar escogido resultó el por entonces joven Gran Stadium del Cerro y más de 30 mil asistentes presenciaron las demostraciones de los matadores mexicanos Silverio Pérez y Fermín Espinosa “Armillita”. Este fue un espectáculo diferente porque los toreros no podían clavarles banderillas a los animales y mucho menos matarlos. Solo así las autoridades aceptaron que se efectuara la corrida.
La desaparición de la cultura del toreo pudo haber sido porque era tradición española y se vivían momentos en que el rechazo hacia la dominación colonial era ya con fuertes aires de guerra. También porque en las plazas de toros era muy evidente el privilegio que hacían gala la clase dominante política y militar, españolizante y cerrada al intercambio con los cubanos.
Y como colofón, tal vez la aparición en el terreno nacional del béisbol traído por los norteamericanos y con rápida asimilación fue otro de los puntillazos —o estocada— que recibió el toreo. Curiosamente, puede recordarse que antes las autoridades prohibieron jugar a “la pelota” a los criollos que iban ya en vías de convertirse en cubanos.
Terminada la colonia española y caído en la no menos colonizadora presencia norteamericana, hubo cierta atmósfera de rechazo hacia el arte taurino, pues se consideraba por los nuevos colonizadores como algo bárbaro e incivilizado.
Finalmente una orden militar —de las fuerzas interventoras norteamericanas y con número 187 del diez de octubre de 1899— prohibía de manera expresa las corridas, y una multa de 500 pesos a quienes desoyeran esta indicación.
Hoy nada queda en Cuba de la tauromaquia, aunque la fiesta del Rodeo, sin ser una reminiscencia de aquella, tenga unos cuantos aficionados que se arriesgan entre toros y novillos.
Por Lu Llanos

La montera


 Es el sombrero tradicional de los toreros tanto del espada como de los banderilleros

Se usa desde el siglo XIX, en sustitución del bicornio de alguaciles y otros oficiales autorizados a ejecutar muertes.
Fue introducida a la indumentaria taurina en 1835 por el torero Francisco Montes, Paquiro,quien realizó diversas modificaciones al traje de luces.
La montera está habitualmente hecha de astracán con una cubierta interior de tafetán.
Son varios los toreros que llevan en su interior alguna imagen por la que tenga especial devoción.

BREVE HISTORIA DE LOS ATAQUES A LA TAUROMAQUIA Y SUS PROHIBICIONES


Las fiestas de los toros han sufrido a lo largo de su existencia numerosos ataques de los gobernantes políticos, opositores e incluso la Iglesia con el pleno interés de eliminarla, fracasando cualquiera de estos intentos.
Las críticas se remontan a la antigüedad romana: Cicerón se opuso públicamente a los espectáculos con animales en el anfiteatro. Después siguieron las críticas de los primeros escritores cristianos y canonistas a las llamadas venationes, como Prudencio, Casiodoro, San Agustín o San Juan Crisóstomo, que censuraban los espectáculos públicos con fieras (incluidos los toros bravos), por arriesgar "frívolamente" la vida humana, postura de orden moral que se prolongó más o menos en los mismos términos durante la Edad Media y que movió a varios papas a promulgar prohibiciones. Por ejemplo, la bula papal Salute Gregis (1567), de Pío V, que prohibió los espectáculos taurinos.
Gregorio XIII, su sucesor, levantó parcialmente la prohibición ocho años después a petición de Felipe II. El motivo era que la prohibición causaba perjuicios no a la fiesta, sino a la propia religión católica española: «era el principal (perjuicio) el desprecio que de la excomunión hacían los aficionados a correr y ver correr los toros» en plena época de la Inquisición.
En la década de 1570, el entonces canónigo de la catedral de Toledo Alonso Velázquez escribió un tratado contrario a las corridas de toros que llevaba por título Tratado contra la bárbara costumbre de correr toros en España, aunque no queda constancia de que llegase a publicarse.
Durante el siglo XVIII las corridas de toros también fueron polémicas y han sufrido críticas e incluso prohibiciones. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del populacho, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinarán a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios.
Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. Sin embargo se hizo caso omiso y se continúo con la práctica. Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre La Tauromaquia.
Gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Congreso de los Diputados el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros.
Los argumentos de los detractores de las corridas de toros han variado según el momento histórico, pero el objetivo ha sido siempre su abolición.
Ya en el siglo XXI el número de festejos taurinos desciende un 12% en 2012 y acumula una caída del 40% en los últimos cinco años. En 2008 se celebraron 3.295 espectáculos de tauromaquia, frente a los 1.197 que tuvieron lugar en 2014. Según ese estudio, en los años 2010-2011 únicamente el 8,5% de los españoles asistieron a algún espectáculo taurino.
Desde 2001, se han producido descensos año tras año, con bajadas muy fuertes por ejemplo entre 2003 y 2004. El 2013 fueron 2.684 celebraciones taurinas las que se realizaron.
Si el pueblo español ha superado las tentativas papales en el XVI, reales a finales del XVIII y principios del XIX, ¿se va a dar por vencida la afición Taurina porque una minoría pretenda suprimir esta Fiesta que tanto significa para los países taurinos? ¿Estamos dispuestos a perder algo tan nuestro, tan arraigado en nuestra cultura?
Ya lo decía García Lorca, “el toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar; creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo”.
Por último, a aquellos deseosos de prohibir una Fiesta tan culta y tan nuestra, habrá que mencionarles aquello del filósofo Francis Wolf: “a quienes son ajenos al mundo de los toros, esperando que vislumbren la universalidad de un arte singular…”.
Bibliografía
•«Los festejos populares en el siglo XXI», Alberto de Jesús, en Los toros de Cossío, vol. IV, pág. 663, Espasa Calpe, 2007.
•«Análisis de la tauromaquia desde sus raíces». Consultado el 04 de enero de 2021.
•Vargas Ponce, J. de (1807). Disertación sobre las corridas de toros.
• Vidart, L. (1887). Las corridas de toros y otras diversiones populares.
Por Lu Llanos

Un Cebada Gago en Pamplona


 

That time Ivan Fandino went in for the kill without the muleta





Madrid, May 13th, 2014