(mundotoro.com 9-30-26)
El Senado de la República de México aprobó este martes una minuta en materia de bienestar animal que deja a los gobiernos locales y de cada estado del país la regulación de la Tauromaquia, las peleas de gallos, los jaripeos y las suertes de la charrería. Pero establece una condición determinante: deberán hacerlo considerando en todo momento el principio de progresividad. Es decir, que allí donde un gobierno local o estatal legisle a favor de las corridas de toros, tal y como se celebran ahora mismo, no podrán ser modificadas por un gobierno posterior. De la misma forma, cualquiera autoridad estatal o local que hoy modifique los festejos taurinos sin sangre habrán perdido para siempre la forma tradicional de las corridas de toros. Aplicando esta progresividad, la Monumental de México estaría abocada a no celebrar más corridas de toros.
El principio de progresividad significa que las entidades federativas no tendrán las manos libres. La progresividad implica avanzar en la protección reconocida y, en su vertiente de no regresividad, impide reducirla sin una justificación constitucional suficiente. Las restricciones existentes se convierten así en un parámetro para impugnar cualquier reforma que pretenda revertirlas.
Aplicado en estos términos, el principio entraña un peligro gravísimo para estas actividades: una mayoría circunstancial podría aprobar una prohibición desproporcionada y dejar a futuras legislaturas con un margen mínimo para corregirla. Una mala decisión legislativa podría convertirse en una restricción prácticamente irreversible. La vulnerabilidad en la que quedan la charrería, la gallística y la tauromaquia es alarmante.
En la Ciudad de México, la consecuencia es especialmente grave. El Congreso despojó a la corrida de sus elementos esenciales y tradicionales y llamó “taurino” al espectáculo resultante. Conservar esa denominación no conserva la fiesta brava.
La minuta debe pasar ahora a la Cámara de Diputados, como cámara revisora. Si la aprueba en sus términos y la nueva ley entra en vigor, el regreso de las corridas tradicionales a la Plaza México quedará prácticamente cerrado.
Una futura mayoría en el Congreso capitalino no bastaría para recuperar la fiesta: la reforma que restableciera la lidia tradicional podría ser impugnada e invalidada por reducir la protección animal previamente reconocida.
Ahí está la gravedad: consolidar las restricciones actuales hasta hacer prácticamente imposible recuperar las corridas de toros en la Plaza México. Y dejar expuestas al mismo riesgo otras tradiciones, junto con el trabajo y el sustento de quienes viven de ellas.
Dejar a los estados la facultad de legislar sirve de poco si se les limita de esta manera la posibilidad de rectificar.

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